Gestión emocional para superar los procesos de selección
Poco se habla de la tortura moderna que son los procesos de selección en este país (no tengo datos de otros). Hablo de cómo la falta de formalidad con los plazos, la pésima comunicación y la ausencia de educación nos acaban destrozando anímicamente.
He tenido cientos de clientes y no hay ni uno que se haya librado de pasar por este viacrucis. De la euforia a la depresión en cuestión de días, simplemente porque el reclutador no se comunicó cuando prometió que lo haría. Un proceso que se reinicia cuando, por fin, el reclutador sí decide escribirte para decirte que pasas a la siguiente fase.
Del subidón a la ansiedad
Te apuntas a una oferta que te gusta. Te llaman para la primera entrevista. Das lo mejor de ti. La entrevista fluye. Te ríes con el de Recursos Humanos, encajas con lo que piden y te despiden con la frase mágica: «Te diremos algo antes del viernes, tanto si es un sí como si es un no».
Desde el día de la entrevista hasta el miércoles estás de subidón. Te imaginas el primer día de trabajo, cómo vas a organizar tu rutina, a qué hora te vas a levantar e incluso cómo vas a mandar a tomar viento a tu jefe actual. Te ilusionas, es normal.
El miércoles por la tarde ya no estás tan feliz. Empiezan las dudas: ¿por qué no me han dicho nada aún?
Te sientes ignorado, ninguneado y humillado. Pasas un fin de semana de mierda. Y lo peor de todo: no puedes reaccionar. Te gustaría llamar y decirles que son unos maleducados, que no tienen en cuenta los sentimientos de los candidatos, que esto es inhumano… pero no te puedes arriesgar a quedar mal con quien, quizá, te contrate. No puedes cerrarte puertas. Esto es lo más perverso del asunto.
Lunes y martes, estás regular. Para el miércoles ya empiezas a levantar cabeza, pero no te quieres quedar con las dudas.
Escribes un correo educado, pidiendo feedback. Cero respuestas. Pasan dos semanas. Lo das por muerto, pasas tu luto, encajas la bofetada y sigues con tu vida.
Y de repente, ¡zas!
Un martes cualquiera a las 8 de la mañana te llega un mensaje: «¡Hola! Disculpa la demora, hemos estado liadíiiiiiiiisimos. Queremos citarte para la segunda fase. ¿Podríamos entrevistarte esta misma mañana?». Tú sientes algo que no identificas bien, pero está entre la alegría y el odio, entre la ilusión y la sed de sangre. ¿Esta misma mañana?
Te buscas la vida, haces esa entrevista y todo fluye. Al finalizar te dicen: «Te diremos algo antes del viernes, tanto si es un sí como si es un no». Vuelta a empezar la tortura.
En 16 años de carrera he dedicado tantas y tantas sesiones a ayudar a mis clientes a recuperar su confianza después del desgaste brutal que les ha supuesto pasar por un proceso lleno de informalidad y mala educación… No nos molestan las entrevistas ni las pruebas. Nos mata el maltrato al que nos someten.
¿Por qué se recluta tan sumamente mal?
Porque se nos ha olvidado que al otro lado de la pantalla hay una persona con facturas, miedos, expectativas y dignidad. Se ha normalizado el ghosting corporativo, las entrevistas multitudinarias humillantes y los tiempos absurdos de respuesta. Falta de empatía, falta de profesionalidad y una desorganización flagrante disfrazada de «procesos de selección rigurosos».
Pero como cambiar el ecosistema de Recursos Humanos en España nos va a llevar unos cuantos siglos, vamos a centrarnos en lo único que sí puedes hacer: intentar gestionar tus emociones.
¿Cómo sobrevivir a este maltrato sin perder la cordura?
Si no quieres terminar enganchado a los ansiolíticos mientras esperas a que a un talent acquisition specialist le dé por responderte un correo, aplícate estas reglas de oro:
1. La regla del «si te he visto no me acuerdo»
Cuando empiece una entrevista tú te entregas. Lo das todo. Pero cuando termine… En cuanto termine te mentalizas de que el puesto ha dejado de existir. Borra la oferta de tu mente. No te imagines en la oficina, no pienses en el sueldo y no organices tu vida en torno a esa empresa. Si te llaman, genial (sorpresa agradable). Si no te llaman, tú ya estabas a otra cosa.
Para olvidarlo aplica la misma fórmula que aplicaste para olvidar aquella vez que pillaste ladillas en un finde de verano. Mándalo al pozo más oscuro de tu mente.
2. Sigue tirando cañas
Cero fidelidad a quien no te conoce. El mayor error es congelar tu búsqueda de empleo porque «la última entrevista fue muy bien2. Te deben cero lealtad y tú a ellos tampoco.
Sigue aplicando a puestos, sigue haciendo entrevistas y sigue buscando. Que te pille el aviso de la siguiente fase con tres procesos más abiertos, no esperando como Penélope (los más jóvenes quizá no pilléis la referencia).
3. Asume que “tanto si sí como si no” es MENTIRA
Ponlo en la categoría de «ya nos hablamos para un café» o «no eres tú, soy yo» En el 90 % de los casos, si es un «no», jamás te dirán nada. Acepta esa regla del juego desde el minuto uno para que el silencio no te rompa los esquemas. No es personal, es simplemente que la gente es cobarde y le da pereza dar malas noticias.
4. Preguntar una (como máximo)
Si te dijeron el jueves y estamos a lunes, te autorizo a enviar un mensaje. Uno. Un correo corto, educado y directo. Algo así como: «Hola, me comentasteis que tendríais novedades a finales de la semana pasada. Sigo muy interesado en el puesto y me gustaría saber si tenéis algún avance en el proceso». ¿Contestan? Perfecto. ¿No contestan? Archivas el correo, borras el número y que les den por saco. No mandes un segundo correo. No mendigues atención.
5. Tu valor como profesional NO lo mide un Talent Hunter Pro Max
Que no te cojan en una empresa no significa que seas un inútil. Significa que han cogido a otro, que el sobrino del jefe necesitaba sitio, que han congelado la vacante o que, simplemente, sus criterios de selección son una basura. No es personal. No tiene que ver contigo. Salir con la autoestima intacta después de un proceso de selección es una heroicidad de la que te creo capaz. Mecagoentó.
El mercado laboral está montado como está, pero la llave para no volverte loco la tienes tú. Lanza el anzuelo, haz tu trabajo en la entrevista lo mejor que sepas, y vuelve inmediatamente a tu vida. Todo lo demás es regalarle tu tranquilidad a gente que ni siquiera se acuerda de tu nombre.



